2020: el año que terminó en marzo.

Creo que en lo que atañe a las actividades relacionadas al espectáculo teatral y musical el año terminó. Terminó ahora, en marzo.

Intento un análisis de situación para nuestro sector, que a la vez utilizo como hoja de ruta propia a la hora de asumir mi responsabilidad empresaria. Lo divido en tres fases. Estamos en la fase 1 -la de la clausura general- con esta incipiente cuarentena y las normas dictadas privilegiando lo sanitario. Una fase 2 que comenzará cuando empiecen paulatinamente a abrirse distintas actividades y profesiones. No tengo dudas que la nuestra irá ¨cola¨ y va a llevar un largo tiempo hasta llegar a ver abiertas las salas de espectáculos. Antes tienen, paulatinamente, que ir habilitándose aperturas de las más diversas, desde el aire libre hasta los locales comerciales de otra índole.

Recién después vendrá la fase 3, la cual incluiría la apertura de nuestro sector, iniciándose sobre el final alargado de la fase 2. Para ubicarme en el contexto de la emergencia que se viene, me sirve utilizar la experiencia del año 2009, cuando irrumpió la epidemia Gripe A. Atención que fue epidemia, no pandemia. La enorme diferencia la comprobaremos en salud y economía.  Cuando por fin ingresemos en la fase 3 nos llevará, recién a partir de ahí, otros tres meses para comenzar a acomodarnos.

El primer mes, una vez abierto, no más del 20/30 % de las audiencias que habitualmente concurría antes de ahora se animaría a volver. Después lleva otro mes seguir creciendo y otro mes estabilizarse. Recuperar la confianza en el público no lo decide ni los empresarios, ni los artistas ni un gobierno. Por eso debemos ser tan cuidadosos en construir protocolos estudiados como de cumplimiento efectivo cuando haya que implementarlos. Por lo anterior, si pensamos que estamos en marzo, iniciando la fase 1, más lo que necesite la fase 2 antes de encarar la 3, casi podría asegurar que en el mejor de los casos podríamos aspirar a abrir después de octubre. Sería como una especie de ensayo general de la temporada 2021, no intentando salvar la 2020, pero aspirando a no hipotecar del todo también la siguiente. La 2020 ya hoy está perdida.

Entiendo oportuno que entre los empresarios y productores sepamos eso porque es la manera de poder calcular, también desde lo económico, cómo va a llegar cada uno en su empresa, intentando, por supuesto, defender a la masa crítica de trabajadores/as que conforman los equipos laborales que cada edificio conlleva y de apoyar al máximo, por otras vías creativas, al teatro y la música independiente en vivo, como a toda la actividad cultural donde no prima el ángulo comercial.

El problema aún mayor va a radicarse ante la falta de continuidad laboral de actrices, actores, músicos, técnicos, directoras, escenógrafos, autoras, productores ejecutivos y demás responsables de tareas que no pertenecen a los equipos en relación de dependencia de los ámbitos, ya que no solamente finalizarán escalonadamente los contratos en vigencia, sino que ya comenzaron a detenerse todos los proyectos futuros del año. Las labores temporales -multiplicadas en nuestra profesión- no tienen dónde reclamarse al no existir la figura del contratante.

Este final 2020 inesperado casi comenzó con la despedida. Lo que en teatro llamamos ‘debut y despedida’: cuando iba a comenzar la temporada fuerte en Argentina, siempre después del inicio del ciclo lectivo, termina convirtiéndose en una bajada de telón multiplicada. Es increíble celebrar este mes el Día Internacional del Teatro con todos los teatros del mundo cerrados. Será para recordar.