Cerramos porque queremos seguir abiertos.

«En su ambiente están todos contagiados» me espetó el conocido, al día siguiente de la profusa difusión de la suspensión momentánea de los espectáculos protagonizados por Fátima Flórez y Nito Artaza en Mar del Plata. «Cerramos porque queremos seguir abiertos» fue mi espontánea respuesta, a la par de reiterarle que desde marzo de 2020 la actividad teatral priorizó lo sanitario, defendiendo el trabajo.

Siempre sostuve que, al trabajar con materia prima humana y no con mercadería, el cumplimiento del  protocolo dispuesto para nuestra tarea resultaría garantía extra para las audiencias. No solo se cuida al público sino también a quienes tienen la responsabilidad de llevar adelante los espectáculos. Por eso ante un caso positivo en testeos preventivos se extreman las medidas, llegando incluso a aislar a un equipo artístico cuando el no deseado resultado se confirma.

El Teatro es la única fábrica que se auto clausura y lo anuncia, lo que debería funcionar como valor agregado para quienes aún lo perciben como un espacio de mayor riesgo por sobre otros. No me gustó nunca describirlo como un lugar seguro (simplemente porque el COVID-19 ya demostró que era cierto aquello de ‘A Seguro, se lo llevaron preso’), pero sí como una actividad que minimiza los riesgos. Comenzando el 2022  ya existen decenas de miles de testigos entre espectadores/as, trabajadores/as y artistas que transitaron durante el último año diversos teatros, sin reportarse situaciones que se vinculen con el problema general.

Algunas suspensiones de obras teatrales tuvieron menos prensa que otras, aunque sumadas no logran alterar el conteo global de una actividad que solo en esta primera quincena de enero tiene casi 400 debuts en el país, entre estrenos y reposiciones. El dato presupone entonces que aún faltan unos cuantos títulos por suspenderse temporariamente, proyección obvia en un país en el cual gira por estas horas un virus con alrededor del 50% de casos positivos sobre los testeos realizados.

Cuidarnos en los teatros, como en la vida social cotidiana no garantiza inmunidad, pero es una apuesta a tener menos chances de ser blanco del bicho. Al momento, menos que las del conocido mencionado al comienzo, el que me hizo el filoso comentario en un espacio cerrado, mientras tenía el barbijo mal colocado debajo de su nariz.